Bienestar Percibido: Uso de las Redes Semánticas Naturales para la Comprensión del Concepto desde la Perspectiva de la Persona Mayor
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El bienestar percibido (físico, psicológico, social, etc.) en el adulto mayor es un tema de gran relevancia en el contexto actual marcado por el envejecimiento acelerado de la población global, donde de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (2025), desde el año 2020 el número de personas mayores a 60 años superó al de la población menor a 5 años y, que se espera que para el año 2050 el grupo etario de adulto mayor se duplique de su tasa actual (12%) pasando al 22% de la población global.
Congruentemente, la Asamblea de General de las Naciones Unidas ha declarado a la presente década (2021-2030) como la Década del Envejecimiento Saludable, manifiesto dentro del cual se mencionan condiciones objetivas (vestido, alimentación, etc.), subjetivas (salud percibida, autoestima, etc.) y sociales (políticas públicas, servicios institucionales, etc.) como aspectos que todo gobierno debe promover para asegurar que los ciudadanos experimenten una buena calidad de vida durante su proceso de envejecimiento (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, 2021).
En este sentido, la percepción de bienestar del adulto mayor es fundamental para la calidad de vida percibida por el adulto en esta etapa de la vida ya que esta percepción está relacionada con su experiencia de salud física, psicológica y social; asimismo, el bienestar percibido le posibilita mantener un rol activo y autónomo a partir de las expectativas propias que se desarrollan durante el envejecimiento (Cortese, 2018). Por tanto, no solo resulta importante, evaluar la percepción de bienestar del adulto mayor como indicativo de calidad de vida, sino porque esta propia percepción depende de las necesidades particulares de cada individuo y, a mayor satisfacción de estas necesidades, mejor proceso de envejecimiento percibido con calidad de vida (Nequiz Jasso et al., 2017).
Congruentemente, la Asamblea de General de las Naciones Unidas ha declarado a la presente década (2021-2030) como la Década del Envejecimiento Saludable, manifiesto dentro del cual se mencionan condiciones objetivas (vestido, alimentación, etc.), subjetivas (salud percibida, autoestima, etc.) y sociales (políticas públicas, servicios institucionales, etc.) como aspectos que todo gobierno debe promover para asegurar que los ciudadanos experimenten una buena calidad de vida durante su proceso de envejecimiento (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, 2021).
En este sentido, la percepción de bienestar del adulto mayor es fundamental para la calidad de vida percibida por el adulto en esta etapa de la vida ya que esta percepción está relacionada con su experiencia de salud física, psicológica y social; asimismo, el bienestar percibido le posibilita mantener un rol activo y autónomo a partir de las expectativas propias que se desarrollan durante el envejecimiento (Cortese, 2018). Por tanto, no solo resulta importante, evaluar la percepción de bienestar del adulto mayor como indicativo de calidad de vida, sino porque esta propia percepción depende de las necesidades particulares de cada individuo y, a mayor satisfacción de estas necesidades, mejor proceso de envejecimiento percibido con calidad de vida (Nequiz Jasso et al., 2017).
