Manual de Buenas Prácticas para el Mantenimiento Cognitivo en Adultos Mayores
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El cerebro es el asiento del alma, es la residencia de nuestra psique y nuestro “yo”. Muchas veces nuestro “yo” reflexiona sobre su ser desde su propia condición etérea y abstracta, olvidándose de que su hegemonía existencial se la debe a un humilde y silencioso siervo, el cerebro. Descartes en el siglo XVII, ya delimitó la frontera entre lo puramente mental y lo cerebral, entre el materialismo y el idealismo. Desde entonces, la mente se ha situado como la reina del trono del bienestar humano: si tu mente está feliz, tu “yo” también lo está. Este narcisismo psicocéntrico que ha acompañado a la humanidad desde que el hombre es hombre, ha mantenido alejado de los focos de atención al cerebro, el verdadero responsable de que seamos lo que somos. Cualquier cambio en nuestra persona, sin importar si su origen es social, cognitivo o fisiológico, tiene su reflejo en un cambio en el funcionamiento cerebral. Y prueba de ello, es cómo la mente de una persona que ha sufrido un daño cerebral severo, se transforma irreversiblemente en un ente desconocido para sus conocidos. Es como si su “yo” siguiera ahí, pero su mente no le dejara ser. Un estado fragmentado del ser, donde mientras que la mente y el “yo” bailan canciones diferentes, el cerebro es coronado como rey y reina del baile. Esta aparición estelar del cerebro en el siglo XXI no es más que una respuesta a una emergencia social de mantener el “yo” unido de la desintegración que sufre tras un daño neurológico. En un estudio publicado en el 2017 en la prestigiosa revista The Lancet Neurology se señala como las enfermedades neurológicas son la primera causa de discapacidad en el mundo y la segunda de mortalidad.1 Dentro de las enfermedades neurológicas, los infartos cerebrales representan el 47.3% de las causas de discapacidad, y el 67.3% de las muertes; mientras que la EA representa el 9.5% de la discapacidad y el 20.3% de las muertes. Actualmente, si eres una persona mayor de 65 años, tienes un 10% de probabilidad de padecer alguna demencia, y si alcanzas los 85, una de cada dos personas podría padecerla.2 Este hecho se vuelve alarmante cuando en el 2011, los Baby Boomers (los nacidos entre 1946-1964) han empezado a alcanzar los 65 años de edad. Este tsunami demográfico de adultos mayores provocará una demanda sin precedentes en su atención médica, elevándose considerablemente los costos sanitarios, y pudiendo impactar peligrosamente en las cuentas de los estados. Es por ello, que la mejor política que podría llevar un país para mitigar el impacto social y económico de las patologías cerebrales asociadas al envejecimiento de la población son planes de prevención que sean científicamente válidos y fiables. Es esta la principal razón por la que nace el presente manual llamado: “Úsalo o Piérdelo”. Este título se ha tomado prestado de un proverbio inglés “Use it or Lose it”, que ha sido acuñado por la comunidad científica para indicar que la mejor manera de mejorar la salud cerebral es a través del uso de nuestro cerebro.3 La meta no está en vivir más años, sino que los años que vivamos, los vivamos con más calidad de vida.
