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Las ciudades y sus ríos

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La pandemia de  COVID-19 ha reescrito las reglas de convivencia y uso de espacios públicos. Ha redefinido nuestra relación con la naturaleza y ha impuesto una nueva normalidad difícil de imaginar hace año y medio. En esta nueva era, la infraestructura verde, las soluciones basadas en ecosistemas, los espacios públicos, las áreas recreativas al aire libre, y en su conjunto, el nuevo contrato que debemos asumir con respecto a nuestras relaciones con el entorno natural, tienen un papel central en garantizar el bienestar social.

Adicionalmente, y en el mismo sentido, la pandemia y las crisis política y económica concurrentes, crean las condiciones perfectas para redefinir la participación del sector empresarial, la academia y la sociedad civil en los procesos de desarrollo humano y ambiental que inciden en nuestra calidad de vida y, en particular, en nuestra productividad y nuestra salud física y mental.

Como sociedad tenemos la oportunidad, única e irrepetible, de rescatar nuestros espacios naturales, entre ellos los corredores riparios urbanos, y transformarlos en bienes públicos intergeneracionales.

En México muchas ciudades cuentan con corredores riparios o cauces que las intersectan creando las condiciones ideales para fortalecer su seguridad hídrica y brindar espacios recreativos y de convivencia a su población. Éstos encuentros geográficos son también una oportunidad para entretejer una relación entre lo natural y lo urbano, y acercar conceptos como ecosistema, biodiversidad y servicios ambientales a los ciudadanos.

Tita Elizondo

Muchas ciudades de nuestro país obtienen su agua de las sub cuencas contiguas a los asentamientos urbanos. Estos territorios funcionan como esponjas u ollas de captación pluvial en las que el agua atmosférica, convertida en lluvia, cae sobre montañas y valles, es retenida e infiltrada por los suelos de ecosistemas bien conservados y sigue su camino hasta algún acuífero. Otra fracción de esta agua, la que no retienen la vegetación y los suelos bien conservados, corre por gravedad alimentando arroyos que confluyen como una gran vía al mar, a través de los ríos, cuando la cuenca es abierta. En otras, las cuencas cerradas, el agua llega a lagos y humedales en donde se cierra parte del ciclo hidrológico.

El ciclo del agua es un proceso complejo de eventos termodinámicos, químicos y estructurales, enlazados indisolublemente con los seres vivos, la vegetación y los micro organismos y sustratos en los suelos que integran la cuenca hidrográfica. Nuestra vida y nuestro desarrollo no sería posible sin esta infraestructura verde, estas cuencas y paisajes naturales, que purifican, renuevan y distribuyen el agua, un servicio ambiental indispensable, y hasta ahora gratuito para todos los mexicanos.

“A nivel nacional, el 70% del agua superficial está contaminada y un 24% de nuestros ríos y lagos registra un nivel tan alto de contaminantes, que no es posible darle un uso directo. Ejemplos extremos son el Río Lerma y el Río Santiago.”

 En nuestro país, el abasto de la mayor parte del agua potable proviene de los cuerpos de agua superficiales. La almacenamos en presas construidas para ese fin o bien, en cuerpos de agua o reservorios naturales. A nivel nacional, el 70% del agua superficial está contaminada y un 24% de nuestros ríos y lagos registra un nivel tan alto de contaminantes, que no es posible darle un uso directo. Ejemplos extremos son el Río Lerma y el Río Santiago. El agua contaminada deteriora la salud de muchos mexicanos. Enfermedades gastrointestinales, particularmente severas en menores, y enfermedades de la piel, y hasta cáncer, transforman una fuente natural de vida en un agente letal que alcanza todos los rincones de nuestro territorio.

Otra parte del agua dulce del país, entre el 30 y el 40% la extraemos del subsuelo. Tristemente sabemos muy poco de la conformación de nuestros acuíferos, lo cual dificulta enormemente su buena administración y manejo. También los contaminamos con malas prácticas de disposición de aguas negras y procesos extractivos industriales y de explotación de petróleo y gas vía fractura hidráulica.

“De los 653 acuíferos identificados para México, 192 están sobreexplotados. Mucho tiene qué ver con prácticas de extracción y riego mal reguladas, poco vigiladas o deficientes.”.

De los 653 acuíferos identificados para México, 192 están sobreexplotados. Mucho tiene qué ver con prácticas de extracción y riego mal reguladas, poco vigiladas o deficientes. El sector agropecuario acapara el consumo con más de tres cuartas partes del agua usada en México. Urge hacer más eficientes los sistemas de riego y los modelos de producción agropecuaria, así como también es clave realizar un manejo integrado de las cuencas, sub cuencas y corredores riparios, en que están anidadas nuestras ciudades.

Además de la sobre explotación y la contaminación, el cambio climático es un fenómeno global que exacerba el estrés hídrico de México y el mundo, y limita el acceso al agua. El ciclo hidrológico está íntimamente ligado al clima, en particular a la intensificación de lluvias y los periodos de sequía extrema.

Las dos terceras partes del país, que corresponden a la zona norte y centro, en donde reside la mayor parte de la población y la actividad productiva, están marcadas como áreas de gran estrés hídrico y riesgo de inundación. El Atlas Nacional de Vulnerabilidad al Cambio Climático, publicado por el Instituto de Ecología y Cambio Climático (INECC) en 2019, el Atlas de Vulnerabilidad Hídrica en México ante el Cambio Climático —elaborado y presentado por el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) en 2015— y la aplicación digital Aqueduct, del World Resources Institute, permiten apreciar las diferentes amenazas y escenarios por regiones geográficas.

En el noreste de México las ciudades de Monterrey y Saltillo y sus alrededores están definidos como regiones de alta vulnerabilidad hídrica.

La Conagua identifica en su Agenda del Agua 2030 cuatro elementos fundamentales para alcanzar la seguridad hídrica del país. Estos son:

  1. Cuencas y acuíferos en equilibrio
  2. Ríos limpios
  3. Cobertura de agua potable, drenaje y saneamiento
  4. Asentamientos poblacionales seguros ante inundaciones por precipitaciones extremas y huracanes.

Los cambios futuros, alimentados por los efectos del cambio climático, en parámetros como precipitaciones, temperatura y humedad, modificarán el frágil equilibrio de nuestros ecosistemas, ampliarán el rango de muchos organismos vectores de plagas e intensificarán inundaciones, deslaves e incendios. También impactará a las especies silvestres que conforman la diversidad biológica y que, como nuestras ciudades, también depende del agua.

El INECC proyecta cinco impactos principales derivados de los efectos del cambio climático en México. El primero es un aumento en la frecuencia y severidad de tormentas tropicales y huracanes, el segundo consiste en inundaciones catastróficas en zonas costeras y corredores riparios, la mayoría de ellos con asentamientos irregulares. El tercero es la pérdida de biodiversidad por la modificación de hábitat. El cuarto es el incremento en la demanda de agua, resultado de sequías más prolongadas y frecuentes, y el quinto es la disminución de la productividad agrícola para cultivos básicos. 

“No atender estas señales, basadas en la mejor ciencia y conocimiento disponibles, sobre todo para un país tan vulnerable al cambio climático como México, se traducirá en el corto plazo en un horizonte de mayores conflictos por el acceso al agua entre comunidades, sectores y entidades federativas.”

No atender estas señales, basadas en la mejor ciencia y conocimiento disponibles, sobre todo para un país tan vulnerable al cambio climático como México, se traducirá en el corto plazo en un horizonte de mayores conflictos por el acceso al agua entre comunidades, sectores y entidades federativas. De enorme relevancia para muchas zonas conurbadas del país es el importante aumento en el riesgo de inundaciones, y la reducción en la capacidad de recuperación de los acuíferos de los que dependen éstas para su abasto de agua potable.

Universidad de Monterrey

El agua y los ríos nos conectan con la memoria histórica de nuestro territorio. Muchas de nuestras ciudades fueron fundadas al margen de ojos o cuerpos de aguas prístinas. Monterrey en particular inició como el asentamiento de Santa Lucía en 1577, precisamente al margen de los Ojos de Agua de Santa Lucía, en el lecho del Río Santa Catarina. Cinco años después Luis de Carvajal y de la Cueva fundó la Villa de San Luis Rey de Francia. En el año de 1596, sobre los fallidos asentamientos de Santa Lucía y la Villa de San Luis, Diego de Montemayor funda la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey. El nombre Santa Catarina proviene del nombre de la Santa Católica, Catalina de Alejandría, patrona de las tropas terrestres y navales de España. El Río Santa Catarina y los ojos de agua de Santa Lucía son parte de la identidad urbana. Además de su relevancia histórica, son un componente clave del entorno biofísico y una infraestructura verde que, bien manejada, proveerá a la sociedad servicios y funciones ambientales esenciales a perpetuidad.

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Las ciudades y sus ríos

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Las dos terceras partes del país están marcadas como áreas de gran estrés hídrico y riesgo de inundación. Nuestros ríos y lagos demandan un cuidado regulado, con miras a la salvación de graves consecuencias que pueden ocurrir si lo ignoramos. Daniela Frogheri y Lorenzo Rosenzweig describen por qué es necesario realizar un manejo integrado de las cuencas, sub cuencas y corredores riparios que anidan las ciudades.

Date

2021-06-22

Degree of recognition

Regional

Country

Mexico

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